ALMAS DE METAL 
CAPÍTULO 8. 
AUTOR: Kristoff Suzawa "el comisario del terror"

Lunes, por la mañana.

Debilidad y dolor, era lo único que podía sentir, la viga seguía ahí, sosteniendo mi golpeada humanidad, primero un sol matutino comenzó a ahuyentar mi sueño inducido por el cansancio de estar tres días atrapado en un cementerio de almas profanas. Luego una llovizna ligera terminó de despertarme. Me dolía todo, algunas de las heridas que me habían propinado aquellos esbirros del infierno seguían emanando sangre, el ambiente olía a putrefacción y a vinagre, mezclado con el aroma del óxido de tantas almas de metal acumuladas en ese terreno olvidado por Dios. Entreabrí los ojos y miré a mi alrededor, parecía que no había nadie o nada merodeando por el lugar, la cadena que me ataba a la viga rechinaba a medida que el movimiento normal de mi cuerpo la hacía mecerse... moscas, moscas por todos lados revoloteaban en torno al manjar que les representaba mis sangre y mis heridas abiertas, de cuando en cuando se posaban en mi piel generándome un cosquilleo que más bien parecía una caricia infernal... las había verdes también, como aquellas que suelen profanar los cadáveres que fueron dejados a su suerte en la inclemencia de la intemperie. El aleteo, el zumbido que producen al volar, era la banda sonora de aquel momento, el zumbido de esas moscas era lo único que se escuchaba con claridad, las fuerzas me habían abandonado totalmente ya.

-¿Vicky?... ¿Vicky?...-
-aquí estoy...-
-No puedo prometerte nada, pero necesito que tú me prometas que no volverás a traicionarme...-
-Como si pudiera salir de este círculo de sal-
-Al menos está tu hijo, dices que anda por el patio grande ¿no?-
-Ajá-
Contestó haciendo un esfuerzo inminente para no llorar. 
-aguas con la viga-
Le dije mientras comenzaba a sacudirme para hacer resbalar y caer ese enorme trozo de metal que me tenía prisionero, después de varios intentos sentí como se resbaló, y se vino abajo, ese solo era el preámbulo, no sabía si en un mal cálculo, aquella viga de acero me caería encima, pero tuve suerte, ya que solo me jaló de frente, de bruces hacia donde el peso se cargó y aunque el golpe fue oloroso y me aturdió, en pocos instantes comencé a deslizar las manos para salirme de ahí. -incluso la primer buena noticia en todo ese fin de semana se hizo presente, al deslizar ambas manos fuera de aquel pedazo de metal, la cadena perdió tensión y me la pude quitar de las muñecas, mismas que ya tenían una tonalidad entre rojizas y amoratadas por la tensión de la cadena. Era relativamente libre. Después de eso me incorporé y arrastrando los pies destruí el círculo de sal que tenía prisionera a Vicky.

-Ahora quiero que me digas como salir de aquí, ¿solo llego al crematorio y ya?-
-No... no, eso fue algo que te dije para atraerte aquí-
-¡miserable!-
-No, espera... si se sale de aquí por el horno, pateando la rejilla.. bueno, eso solo lo puede hacer un vivo, pero mira para allá-

Vicky me señaló la entrada del horno y era un lugar que se veía más obscuro que una noche de las que espanta el muerto.
-Si vas para allá, te vas a topar directamente con la marrana y su gente, ellos se apoderaron de ese lugar por ser el sitio más obscuro del deshuesadero, sin luz, ellos mantienen un cierto nivel de energía y pueden atraparte de nuevo...-
-entonces vámonos de aquí, regresemos al patio principal-
-Tampoco es posible, en primera anoche, cuando entraste aquí, sin querer tus pasos deshicieron un círculo de sal que resguardaba la puerta, muchas de estás almas malvadas, pasaron para allá, están esperando que mueras para apoderarse de todo, además... además, el señor Aguilar planeó todo desde el principio, nadie vendrá ni hoy, ni mañana, ni otro día , solo hasta que tú estés muerto, estas cosas pasan, los dueños del lugar, cada cierto tiempo le ofrecen un alma fresca a la marrana para que el lugar siga operando, así que si, todo fue planeado para verte morir.-
-espero que no me estés mintiendo-
-No, te lo juro por la memoria de mi hijo...-

Me senté en el suelo, me sentí perdido pro ese momento, no importaba que hiciera, todo era un plan para asesinarme y deshacerse de a evidencia, era un plan para que mediante la ingesta de mis vísceras, la marrana y su gente pudieran seguir viviendo o ya se, vivir era un término irónico, ellos simplemente moraban ahí, perpetuando la maldad de aquel lugar.

-Es el fin... me rindo...¡a ver idiotas: vengan por mi!-

En ese momento uno de los sicarios de la marrana, se asomó al escucharme proferir ese grito, luego salió de detrás de una camioneta accidentada, y quiso alcanzarme corriendo, pero al llegar a la mitad del patio, se detuvo en seco, con ambas manos trató de taparse la luz del sol que se había vuelto cegadora para él, se retorció de ardor y de inmediato buscó refugio entre las sombras de aquella unidad accidentada. 

Al ver esto una cierta valentía o quizás estupidez se apoderó de mi, fui hasta la camioneta en cuestión me acerqué tanto como pude, pero sin permitir que la luz del sol dejara de alumbrarme, y por un momento tuve el control. 
Debo decir que tocar a un espectro se siente raro, sientes que su ropa, está acartonada, tiesa, endurecida quizá por el abandono, pero finalmente se puede asir perfectamente, de esta manera pude sacarlo de entre los fierros retorcidos donde se había resguardado.

-¡¿A dónde vas hijo de la...?!-
Lo tomé de la ropa y al ser tan ligera por el hecho de ser un lama en pena, pude arrojarlo al suelo con muchísima facilidad. 

-Ven acá...-
-Idiota, solo estás haciendo tu tumba más profunda, en la noche te vamos a matar de todos modos-
-Tal vez, pero por ahorita creo que te vas a convertir en mi perra-

Lo tomé por la r ropa nuevamente, y lo arrastré por el patio hasta los restos de la tierra revuelta con sal, que anteriormente mantenía prisionera a Vicky, una vez ahí me cercioré de empujar su rostro contra esta sustancia. De inmediato en su purulenta piel, se formaron nuevas lesiones y llagas, fruto de las quemaduras que les producía la sal y soltó un grito ensordecedor, un alarido que jamás había escuchado en mi vida entera.

-¡yaaaa! ¡Déjame! Solo, solo obedezco órdenes, no me quiero pudrir-
-Pero anoche bien fregón ¿verdad?, te voy a preguntar algo y más te vale que tengas mucho cuidado de lo que me vayas a responder ¿A qué le tienes miedo?-
-¡Tengo miedo de morir!-
-¡noticias imbécil, ya estás muerto!-
-¡No!, ¡no! Tú no entiendes, si me pudro, si mi alma se pudre, me iré de este plano, ni siquiera era sicario en vida, me alié con la marrana por que dice que él un día nos sacará de aquí, pero nada que ver, solo... solo era un oficinista, me maté cuando iba a visitar a mi amante... ¡solo quiero pedirle perdón a mi esposa lo juro! ya... ¡quítame de la sal!.

En ese momento Vicky que había visto todo, se mostraba confundida, dejé a ese engendro un momento más en el círculo o los restos del círculo aquél, mientras respondí a una pregunta que Vicky aún no formulaba, pero que definitivamente me iba a hacer.

-Tengo una teoría,, en el fondo sintieron el mayor miedo de sus vidas, cuando la muerte, vino por ellos, sintieron toda esa angustia, todo ese dolor, simplemente conduce al miedo, tienen miedo de volver a morir... así que el miedo que podría hacer que se vayan a donde pertenecen es de volver a vivir los minutos finales de su vida en pocas palabras, recrear su muerte los haría ser conscientes de ella y saben que tienen que irse a otro plano, en pocas palabras es matarlos definitivamente...-
-¿y si no es así?...-
Señalé al desdichado ente que se retorcía en la arena y sal. 
-Ya lo escuchaste, tiene miedo de morir de nuevo-

En ese momento un vago plan se me empezó a materializar en la mente, quizás funcionaría quizás no, pero valía la pena intentarlo, luego de quitar a ese ente de esa tortura salina, lo arrastré hasta la mitad del patio, y proferí unas palabras que cayeron como plomo.

-¡Oye marrana! ¡última oportunidad! ¡o me dejas ir o te atienes a las consecuencias!-

La marrana se asomó desde el interior del horno crematorio, vio a su secuaz tirado en el suelo con muchos más huesos expuestos, ya que la sal había quemado su piel y le había dejado al descubierto las entrañas. Después de verlo a el me miró a mi con un gran enojo y al mismo tiempo, miedo en los ojos. Se que su intención era salir por mi y acabarme en ese instante, pero la luz del sol no se lo permitía, de hecho no le permitía hacer nada más que gritar amenazas desde las sombras que lo ocultaban.

-Tú si que tienes huevos... ¡hazle como quieras pinche mugroso, de aquí no vas a salir vivo!-

La guerra entre la marrana y yo, había sido declarada, yo solo tenía una ventaja y el muchas y Vicky que desde que la había liberado, me estaba siguiendo a todas partes, se mostró temerosa.

-¿qué piensas hacer?-
-Ya lo verás, tengo una idea...¿estás conmigo?-
Ella asintió con la cabeza.
-entonces vámonos, hay mucho que hacer antes de que obscurezca-
-¿A dónde vamos?-
-Necesitamos encontrar la camioneta de la marrana-

CONTINUARÁ.

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