ALMAS DE METAL, CAPÍTULO 10
Autor: Kristoff Suzawa. "el comisario del terror"

No acercamos tanto como pudimos a aquella camioneta, tanto como el olor a carne quemada y putrefacciĂłn me lo permitĂ­a, sobra decir que dentro de ella el escenario era como sacado de los libros de Dante Alighieri, la mitad de esta habĂ­a sido consumida por el fuego un fuego arrasador, pero que no fue capaz de lavar los crĂ­menes en los que se vio involucrada, definitivamente aquella unidad fue una herramienta para hacer el mal, para cometer las atrocidades mĂĄs aberrantes y lo dejaba patente como un monumento al crimen. La mitad de enfrente, a pesar de haber sido consumida por el calor del averno, dejaba entrever las huellas de una batalla perdida, en sus restos se veĂ­an las balas que perforaron su estructura y al asomarme al interior de esta, pude ver la silueta de al menos dos de sus ocupantes, se habĂ­a calcado como la obra de el papel carbĂłn, el tablero a medio consumir, se habĂ­a derretido, no sin antes dejar patentes de las huellas de la batalla y huellas de manos que estaban en algunos puntos, como si la marrana o sus sicarios se hubiesen aferrado a ellas en el momento final y se habĂ­an dejado la piel achicharrada ahĂ­ mismo. Sin embargo la parte trasera se mantenĂ­a intacta, solo un poco ahumada por el humo de un fuego que no alcanzĂł a tocar esa parte. 

-Ya estamos aquĂ­ ¿ahora quĂ©?-
PreguntĂł Vicky
-ahora a ser cautelosos, hay que planear nuestro prĂłximo movimiento, mira...-
Me asomĂ© al interior en la parte de atrĂĄs, habĂ­a incontables casquillos de bala que fueron percutidos, latas de cerveza, los restos de un cargador de un arma larga... y entre el polvo, encontrĂ© algo que llamĂł mi atenciĂłn, ahĂ­ resaltaba una caja envuelta en un papel colorido, coronado con un moño de papel metalizado que el tiempo no habĂ­a logrado decolorar. 

-¿a dĂłnde ibas ese dĂ­a marrana?¿para quiĂ©n era esto?...-
Levanté la caja, le sacudí el polvo y me di cuenta de que la envoltura era como para una niña.
-asĂ­ que despuĂ©s de todo, si amaba a alguien ¿no?-
Le dije a Vicky sin esperar respuesta.
-¿de quĂ© nos va a servir todo esto? -
PreguntĂł ella.
-Bueno, no de mucho, sabemos que tenĂ­a una debilidad, pero no creo que nos sirva, solo el fuego... el fuego si, ya tengo una idea...-

En ese momento escuchamos un grito venir desde el otro lado de aquel sitio, era la voz de la marrana que seguĂ­a sin atreverse a cruzar el patio, donde la luz solar seguramente lo harĂ­a sucumbir.

-¡Dejen eso malnacidos!-
-¡¿Quieres esto marrana...?! Pues.. ¡ven por el!...-
-¡muy chingĂłn ahorita pero en la noche vas a estar chillando como puerco!...-

Sabía que la marrana de nuevo no haría nada por alcanzarnos en ese sitio, pese a que su camioneta estaba ahí, esa camioneta por la cual él no encontraba el descanso eterno, esa unidad que lo mantenía prisionero en el deshuesadero.

-Vicky... ¿quĂ© va a pasar...?... ¿QuĂ© pasarĂ­a con ustedes si este sitio desaparece?... ¿serĂ­an libres al fin?...-
-Yo... no sé, muchos de los que estån aquí, desaparecen para siempre cuando sus coches terminan de ser desarmados, y van a la trituradora... pero no se a donde vayan después...-
-bueno, no pienso morir aquĂ­, menos ahora que ya se lo que puedo hacer... vĂĄmonos-
-Ahora ¿a dĂłnde?...-
-a prepararnos para la guerra-

Quedaban como cuatro horas de luz solar, suficientes para reunir muchas cosas que necesitarĂ­a para acabar con la marrana. JuntĂ© asientos de los autos y los fui apilando en una barricada, habrĂ­a sido muy bueno que los coches, que alguno de ellos, aĂșn tuviera gasolina, pero no, en su lugar solo quedaba romper sus depĂłsitos de aceite para hacer algunas antorchas con el, por lo demĂĄs, la barricada hecha con asientos y llantas nos iba a proteger nos iba a proteger. 
DespuĂ©s me acerquĂ© a donde habĂ­amos dejado a aquella alma que habĂ­amos capturado por la mañana, ahora solo era un manchĂłn de cenizas y sangre seca en el suelo, pero lo importante es que aĂșn quedaba una cantidad importante de sal en el suelo, quizĂĄ suficiente para mantener a raya a la marrana o a su gente. de en cuando, escuchaba sus amenazas viniendo desde el interior de las sombras.
-¿y si estos tipejos se salen?...-
PreguntĂ© a Vicky por que aĂșn tenĂ­a miedo de que nos emboscaran.
-No lo harån... no de día, necesitan comerte, comerse tus entrañas...y ha pasado mucho tiempo desde que comieron el alma de alguien, si tuvieran mås energía, las cosas serían diferentes...-
-cuando pase... vuelve con tu hijo Vicky, vuelve con el y no se separen... ¿si me quedo yo ? ¿SerĂ© uno de ustedes?...-
-No piense en eso... tu destino serĂĄ ´peor, estrĂĄs atrapado y reviviendo cada dĂ­a el momento de tu muerte... si se trata de morir ... que sea lejos de aquĂ­...-

La tarde avanzaba, y poco a poco el cielo se teñía de un color rojo plomizo, eso indicaba que el sol estaba a nada de ocultarse y con ello, los moradores de aquel lugar lleno de sombras se harían presentes de nuevo, y lo que es peor, tratarían de arrastrarme a su infierno.
Repasé mi plan con Vicky una vez mås... era algo simple, algo con mucha brutalidad y carente de detalles estéticos, en pocas palabras: no sería bonito.
-y por favor esta vez no me traiciones...-
-No lo haré...-
La tarde seguĂ­a con su inexorable curso, daba miedo el ver que en algunos lugares de aquella sucursal del infierno, destellaban los ojos impacientes de muchas almas en pena, como cuando diriges la luz de una linterna a los ojos de un gato, era muchos, nosotros simplemente sentados en el contenedor de l basura, los veĂ­amos fulgurar y nos hacĂ­an temer, pero en estas alturas daba lo mismo matar o morir.
-ya va a obscurecer-
Me dijo Vicky al ver como el sol palidecĂ­a aĂșn mĂĄs en el horizonte.  
-Si-
-¿No tienes miedo?-
-Me estoy cagando de miedo... pero no pienso morirme aquĂ­-
Las sombras comenzaban a incrementarse, la noche habĂ­a llegado, algunas de las almas comenzaron a deambular por ahĂ­, manifestĂĄndose entre ruidos y sombras primero las escuchĂĄbamos en el patio principal, el patio por el que entrĂ©, despuĂ©s en el apartado de los autos mĂĄs demoniacos hizo lo propio. Salieron de sus escondrijos y comenzaron a rodearnos, eran como animales salvajes, buscando su presa, estaban furiosos y hambrientos, por un momento sentĂ­ que era batalla perdida pero aĂșn asĂ­ tenĂ­a que enfrentar lo que todos habrĂ­an querido evitar, hasta los muertos. 

solo me levanté y me resguardé entre mi barricada de asientos dañados y autopartes, empuñé el regalo que celosamente la marrana había guardado en su camioneta el día de su muerte, y ya en el centro de la barricada, y haciendo acopio de una valentía que saqué de no se donde, exclamé una amenaza al pero narcotraficante que haya vivido o muerto en el mundo.

-¡oye marrano! ¡¿Buscabas esto?!...-
Y sostuve en alto la caja de regalo que habĂ­a encontrado en la camioneta de la marran, , de inmediato enfureciĂł tanto que mĂĄs bien parecĂ­a un demonio, sus ojos fulguraron como brazas del infierno, de inmediato llamĂł a sus sicarios.
-¡trĂĄiganme a ese pendejo!-
Fue una orden que aquellos descarnados obedecieron sin pensar, de inmediato corrieron para alcanzarme, yo di un par de pasos caminando y me metĂ­ mĂĄs al centro de la barricada, aĂșn asĂ­ ellos me rodearon... ya los tenĂ­a donde los querĂ­a...

CONTINUARÁ, PROXIMAENTE GRAN FINAL


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