ALMAS DE METAL 
Capítulo 6. Autor: Kristoff Suzawa "el comisario de terror"

    Era hora de entrar al que quizás era el sitio más siniestro y lúgubre de todo aquel deshuesadero, si lo que había visto hasta ahora no era lo peor, definitivamente lo que nos aguardaba detrás de aquella malla ciclónica si lo era. 

-Por aquí- 

Vicky me mostró la entrada a ese sitio, un apartado que como ella me dijo, era donde almacenaban los autos que habían sufrido los peores accidentes, curiosamente, para ser un lugar de mayor resguardo, el candado que protegía ese punto, de las visitas no deseadas, se encontraba abierto, se me hizo un poco extraño, ya que en la víspera, cuando había explorado de día, me parecía haberlo visto cerrado, pero ahora había cedido ante la más mínima presión.

-Aquí todo va a ser más raro, hay almas que llevan prisioneras mucho tiempo, ya no son fácilmente distinguibles como Rey o como yo, básicamente son sombras, y la verdad es que lo más probable es que huyan al verte.-
-¿y la marrana?-

Vicky no respondió a mi pregunta simplemente se avocó a abrir la puerta y ambos entramos. 
El lugar era indescriptible, autos retorcidos, irreconocibles, masas de metal deforme, algunos llenos de sangre incluso visible por fuera, cada uno de ellos tenía una cruz pintada en sus despojos, ahora sabía sobremanera que dicha cruz, era una forma de protección para evitar que cualquier ente, cualquier manifestación atrapada dentro de ellos, lograra salir a hacer algún daño. 
En cuanto a la iluminación, las tinieblas devoraban el lugar, parecía estar más obscuro que el resto, sin embargo no era más silencioso, por el contrario, apenas entramos y se comenzaron a escuchar pasos resonando en el suelo de tierra, algunos lamentos apenas perceptibles y el aullido de algún perro que triste, proclamaba su grito de dolor a la distancia. Traté de orientarme en la penumbra, en cuanto mis ojos se adaptaron al a obscuridad y a lo lejos, ya casi por fuera, se veía una chimenea del horno crematorio, y una pequeña luz saliendo de sus entrañas.

-¿Eso está encendido?-
Pregunté a Vicky que caminaba al lado de mi.
-Nunca se apaga, siempre está esa pequeña flama, no sabemos el por qué, pero esde que yo llegué aquí, está encendido-
-¿y por dónde nos vamos?-
-por aquí, solo no hagas ruido-
Vicky me mostró el camino que se erguía ante nosotros, resultó que ese lugar, ese apartado era casi tan grande como el otro, había cuatro enormes lotes llenos de autos, algunos apilados encima de otros, y una vez más había autobuses y tráileres, abandonados a su suerte, pudriéndose ante las inclemencias del tiempo. solo había unos pasillos estrechos por los cuales pasar, pero ante los malos acomodos de aquellas moles de metal, el sitio se convertía en un laberinto de chatarra y muerte. 
Teníamos que caminar lo más pegados a la malla ciclónica avanzábamos en total silencio y apenas habíamos caminado unos pasos cuando nos topamos con un enorme contenedor de basura, un cuerpo grande, de forma rectangular, coronado por dos tapas que se mantenían cerradas y dicho contenedor, habría pasado desapercibido de no ser por que cuando justo pasábamos frente a el, se escuchó un ruido, varios golpes que parecían provenir de su interior, como si alguien se encontrase atrapado dentro de el, buscando desesperado la manera de salir. De inmediato mi acción fue la de abrir la tapa y Vicky se mostró asustada ante este hecho.

-Noooo, déjalo-
-Shhh, si yo estuviera dentro, quizás me gustaría que alguien me ayudara a salir-

En este punto no me iba a detener, lentamente levanté la tapa y amarga fue mi sorpresa, cuando una sombra saltó sobre mi desde el interior del contenedor de basura, era la sombra de un hombre, o lo que alguna vez fue un hombre, ya que solo era la mitad de su cuerpo no tenía piernas y además le faltaba un brazo, su piel era de un color enteramente obscuro, como si se hubiera calcinado. Aquella sombra profirió un grito desgarrador, como esos que te hielan el alma, con el impacto ambos caímos al suelo, él se incorporó y después de eso salió arrastrándose despavorido para alejarse de mi y perderse entre las sombras. 

-¡Déjame!-
Gritó mientras buscaba ocultarse en algún refugio entre los coches destrozados.

-¡¿qué era eso?!-
-Te dije que hay almas que llevan mucho tiempo aquí... esa es una de esas almas, y hay más, incluso lucen peores que esa... yo creo... yo creo... ¿escuchas?-
-¿qué?-
-Shhhh espérate-
-¿qué?-
Escuché unos pasos viniendo hacia nosotros, pasos que sobresaltaron la serenidad de Vicky. de inmediato me hizo la seña de que debía caminar rápido, lo hicimos hasta toparnos con una mini van de repente ella entró a ese vehículo y me hizo la señal de que debía ocultarme dentro de él también, una vez dentro vimos una silueta, era la de un hombre alto, esbelto y que vestía unos jeans y botas de motociclista, era todo lo que podíamos ver, ya que ocultos dentro de la mini van, el campo de visión que teníamos era limitado, amén de que debíamos mantenernos agachados, escondidos para no ser vistos. Este ser pasó cerca de nosotros, olfateando al aire como queriendo ubicarnos, definitivamente nos estaba buscando o buscaba algo entre las sombras, pero aún no sabía que era lo que buscaba,. Sobra decir que el olor del sitio que hasta el momento había sido de tierra mojada y óxido, ahora se llenaba de un olor a cadáver putrefacto. El ser se detuvo frente a la mini van, pero no nos vio. 

-Ven acá... hijo de perra, ya te vi... quiero esa deliciosa alma fresca... no seas tímido, no te vamos a hacer nada, sal para que pueda arrancarte la piel -

Fueron sus palabras, dichas con una voz cavernosa, tan profunda, tan metálica que en ese momento sentí ganas de gritar de miedo, pero de alguna manera resistí. después de proferir esas palabras, se fue a otro lado del depósito, sin embargo, cuando ya se marchaba, pude ver entre las sombras, una parte de su rostro, estaba lleno de llagas de las que salía mucha pus y los gusanos hacían un festín con su carne descompuesta.

Ahora podríamos salir por un momento, ya que se había retirado, una vez fuera tenía que preguntar o obvio:

-Déjame adivinar ¿esa era la marrana?... -
-no... ese era el Johnny, tal parece que después de muerto, sigue todavía ciegamente las órdenes de la marrana, que no nos vean, saben que estás aquí- 
-¿falta mucho?-
-Si, y lo sabes, sígueme-
Seguimos caminando, entre los despojos de tantos y tanto coches, de en cuando en el interior de alguno de ellos se veía a alguien sentado ante el volante, a pesar de la obscuridad, podías interpretar sus rostros, que conservaban el dolor del último segundo antes de la muerte. Tambén de repente se aparecían sombras delante de nosotros, , mismas que se devanecían al acercarnos, los lamentos en ningún momento dejaban de escucarse. 
Pasamos frente a una columna de autos, una grotesca pirámide de chatarra; Vicky se asomó para descartar que alguien viniera hacia nosotros, de repente me hizo la señal de avanzar.

-Ya solo hay que cruzar el patio, hay que hacerlo rápido-
Ante nosotros había un enorme patio, estaba despejado, y delante de este estaba la puerta del crematorio, sentí un gran alivio al darme cuenta de que estaba como a treinta o cuarenta metros de la libertad, comencé a correr para cruzar el patio, a la mitad del recorrido escuché la voz de Vicky gritar:

-¡Marranita! ¡ya te lo traje!¡ya está aquí!-
En ese momento, de entre las sombras salieron varias entidades y me acorralaron, también se empezó a materializar ante mi, la silueta de un hombre obeso, vestido de pantalón de mezclilla, con una camisa de colores chillantes y estampada con motivos de gallos de pelea, con un chaleco de cuero y sombreo vaquero, de inmediato pude ver un fulgor infernal en sus ojos. 

-mira nada más lo que nos trajo la Vicky-

Dijo entre una risa maquiavélica y casi infernal.

Vicky me había traicionado. 

CONTINUARÁ


Comentarios