ALMAS DE METAL CAPÍTULO 4.
Autor: Christian Perales (El comisario del terror)
"La carretera puede ser un sitio mágico, con los miles, quizá millones de historias que tiene para narrar, pero al mismo tiempo, no es un sitio para confiarse, pues muchas historias que comenzaron como el preámbulo de un viaje feliz, terminaron en un sombrío lugar, en un deshuesadero. Aquí terminan muchas vidas, aquí se acaban muchas historias, aquí termina la vanidad y la fe, no entres aquí si no estás listo para que los metales retorcidos y la sangre te cuenten sus historias"
Sábado. Cuando más obscuro está.
Ahora tenía mi teléfono en la mano, una pequeña ventaja se abría ante mi y era hora de aprovecharla. De inmediato hice la primer llamada la y me sentí aliviado al ver que aunque la señal no era muy alta en aquel sitio, la llamada se estaba enlazando. Después de escuchar los tonos de llamada una voz al otro lado de la línea me respondió.
-Novecientos once, le atiende Clara Muñoz ¿Cuál es su emergencia?...-
-Señorita, buenas noches, oiga estoy encerrado en el deshuesadero de la carretera hacia...-
-Disculpe, ¿podría repetirme lo que dijo?, no lo escucho bien...-
-Si, estoy atrapado en el deshuesadero Aguilar...-
-Y te vas a morir ahí dentro...-
-¡¿Disculpe?!-
Pregunté mientras la voz al otro lado de la línea se hacía ronca y cavernosa.
-Dije que te vas a morir ahí adentro...-
Después de eso escuché una risa demoniaca y la llamada se cortó de golpe. Sobra decir que un escalofrío intenso recorrió mi espina en ese momento, mientras que otra vez en aquel lugar el viento se dejó sentir, agitando las piezas sueltas de los autos que crujían en un sonido aterrador. De igual manera las sombras que había visto en la víspera, seguían deambulando por ahí, escondiéndose en la obscuridad. El miedo se apoderó de mi cuando escuché un lamento profundo, cargado de dolor, mis manos temblaban pero decidí hacer una llamada más, esta vez a un amigo que yo se que me apoyaría en una situación como esta. Nuevamente escuché la llamada siendo enlazada y una voz que he conocido toda mi vida, me respondió.
-¿Bueno?...-
-¿Richard?, oye soy César...-
-César ¿pasa algo? son las cuatro de la madrugada-
-Perdón por la hora, es que tengo un problema muy fuerte, me quedé encerrado en un deshuesadero-
-¡¿Qué?!¡¿En cuál?-
-En el deshuesadero Aguilar...-
-¡¿Hasta allá?!, ¡¿Y por que ... ste a ... ugar?-
-¿Bueno?... Te oigo entrecortado...-
-...bes... alir... noche..-
-amigo, no te escucho...-
-Muertos... calcinados... sufrieron... sangre... el estrelló su cabeza en el pavimento...-
Y después de esas palabras tan aterradoras la llamada se cortó, en vano intenté llamarle de nuevo, solo escuché el tono característico de cuando no tienes señal. Ahora nuevamente estaba solo, abandonado a mi suerte, solo quedaba una cosa por hacer:
Esperar hasta el amanecer y con ello quizá alguien vendría, o al menos ya con la luz del sol, encontrar una manera de salir de aquel infierno.
Me quedé cerca del portón de la entrada, agazapado, deseando con todas mis fuerza que ningún ser de ultratumba me alcanzara ahí, de cuando en cuando encendía a linterna del celular para hurgar entre la obscuridad, en espera de poder defenderme en caso de la intromisión de aquellas entidades que moraban el deshuesadero.
-¿cómo es que ese fantasma pudo tocarme, incluso pudo levantarme del suelo?¿no se supone que los fantasmas no tienen la energía para mover cosas de su sitio, mucho menos tocarlas?¿y si hay otro más peligroso?...-
Estos eran mis pensamientos, justo en el momento que recordé que anteriormente Rey, me había dicho que me cuidara de la marrana. Eso me hizo estremecer, sin embargo y pese a mi resistencia a dormirme, el sueño me fue venciendo.
Sábado 9:30 de la mañana.
Me despertó la luz del sol, que comenzó a fulgurar, anunciando la llegada de un nuevo día. Me quedé sentado un rato más, recargado en aquel portón en espera de que alguien llegara, pero vi que varios minutos habían transcurrido y simplemente nadie arribaría. Me levanté y comencé a deambular por ahí, el hambre se había hecho presente, así que busqué algo de comer, lo que fuera era bueno.
En un rincón a la vuelta de la caseta de vigilancia, había dos máquinas expendedoras, estaban muy deterioradas y cubiertas de polvo, una era de refresco y la otra era de golosinas, ambas estaban desconectadas, era hora de perder la civilidad, de cualquier manera, mis captores ya sea de forma intencional o no, no habían sido civilizados al dejarme encerrado en ese sitio.
Tomé un trozo de metal de un coche, y rompí el vidrio de la máquina de golosinas, después la máquina de refrescos corrió con la misma suerte. Tomé unas galletas y un refresco y me senté a comer encima de una pila de rines, tan viejas eran aquellas cosas que aún tenían la propaganda de la película Mulán impresas en su empaque.
Mientras comía, divisaba el sitio en busca de alguna debilidad en su construcción, que me permitiera escapar, veía la enorme barda que delimitaba el deshuesadero, coronada por una serpiente de alambre de púas, miré hacia el portón y vi que los candados habían sido colocados por fuera, tampoco era viable salir por ahí. Tan inmerso estaba en mis pensamientos, que no miraba con atención las galletas que me estaba llevando a la boca hasta que sentí algo duro algo que no se podía masticar, de inmediato escupí ese bocado y e percaté que lo que había escupido era un diente.
Palpé mi boca con la lengua y no sentí que me faltara ninguna pieza dental, miré en el interior de aquella bolsa de galletas y lo que vi, no se lo deseo ni a mi peor enemigo, dentro de la bolsa había gusanos y varias piezas dentales. De inmediato tiré al suelo aquella cosa, y la náusea se hizo presente. Ya no lo soportaba más, tenía que salir pero ya, de aquel sitio tan asqueroso.
Comencé a buscar cualquier cosa que me sirviera, mi primer pensamiento, mi primer idea era buscar en las herramientas del personal del deshuesadero algo que me ayudara a salir de ahí, o defenderme en un momento dado. Sin embargo no tardé mucho en darme cuenta de que todas las herramientas habían sido guardadas bajo llave, en un gabinete muy robusto, nada podía hacer por abrirlo, el candado era muy grueso y la cadena era templada; técnicamente era imposible de cortar.
En otro punto había un equipo de corte por gas, pensé que quizás podría cortar los goznes del portón, pero cuando lo revisé, me percaté de que ambos tanques estaban vacíos y que ese equipo tenía señas claras de no haber sido usado en años.
Recorrí el sitio de arriba a abajo, claro, evitando hacer acto de presencia en aquel apartado de malla ciclónica que Rey me dijo que evitara a toda costa. De pronto, algo llamó mi atención,: al pasar cerca de una camioneta de Marinela, me di cuenta de que la caja de carga, que no estaba tan destrozada como el frente de la camioneta. Permanecía cerrada, algo me decía que debía abrirla y lo hice, dentro de ella estaba la mercancía que antes del accidente transportaba la camioneta.
- ¿qué clase de deshuesadero era este? ¿no se supone que los autos se vacían antes de llegar a este lugar?-
De pronto una curiosidad llenó mi ser, así que comencé a hurgar dentro de los autos, en la cajuela de un Cooper encontré una caja con un regalo de bodas, lo supe pues entre el polvo, aún relucía un papel plateado que lo envolvía, en otro coche , en un Pointer, encontré ropa, no la ropa de los ocupantes, era una gran cantidad, estaba nueva y se notaba a pesar del polvo y la humedad se mantenía empacada, seguramente sería transportada para su venta, en un Camry encontré un portafolios, en una Hiace del transporte colectivo, aún se apreciaba la "marimba" con monedas que seguramente habría usado el chofer en algún momento, en la parte de atrás, lo que ya comenzaba a volverse una costumbre: manchas de sangre seca.
Todos esos objetos narraban la historia de los últimos momentos de las personas que se habían hecho a la carretera para encontrarse con ese fatídico momento de su muerte, solo había que unir las piezas de ese rompecabezas, solo había que imaginar un poco, solo había que entender que la muerte les llegó de golpe.
No me di cuenta, mientras revisaba, el sol comenzaba a ponerse en el horizonte, y la obscuridad se hacía presente, ahora yo revisaba un Mazda, veía impotente un asiento de bebé que pendía de su asiento trasero, estaba cubierto de vidrios rotos, y por la posición era claro que había sido aplastado, ya que aquél vehículo se había volcado. Decidí que al menos debía buscar refugio, no tenía idea de en que momento se me pasó tanto tiempo, pero al menos ahora ya sabía como sobrevivir a la noche y lo mejor es que entre los autos destrozados había conseguido algunas herramientas y en mi mente comenzaba materializarse un plan, esperaría la luz del siguiente día para salir, simplemente hacerlo de noche, sería un error.
Ya enfilándome hacia el portón, un coche llamó mi atención, era un Sonic con los logotipos de la empresa de cosméticos Arabella, tenía todo el lado del conductor destrozado, miré en el interior y pude ver un gran maletín con muestras de maquillaje, así como una cartera de dama que estaba tirada en el suelo del coche, metí medio cuerpo al coche y la recogí y justo cuando estaba punto de revisar las identificaciones, unos pasos delicados resonaron detrás de mi, la sombra de una mujer se proyectó en el suelo junto a mi, y una voz me hizo estremecer.
-Por eso no nos podemos ir-
CONTINUARÁ.
Comentarios
Publicar un comentario